Cap.8
It's your fault.Tristeza, esa palabra, en mi actual situación, definía como me sentía a la perfección. Siete días ni uno más ni uno menos, llevaba soportando la carga, que provoca el sufrimiento, sobre mis hombros. Sin duda alguna el desasosiego y la melancolía me carcomían las entrañas y de paso, porque no, el alma. Una maldita semana amarga, en la que Edward, después de ese beso tan maravilloso, había decidido convertirme en un ser invisible a sus ojos.
Me evitaba continuamente sin razón. A veces creía que no soportaba mirarme durante más de dos segundo seguidos, incluso desaparecía como alma lleva el diablo, de dónde estuviese dentro de aquella casa, si me dignaba a aparecer ante él. Siempre y como era normal, alegando excusas muy frias y caballerosas, que no hacían más, que emporar mi lamentable estado de ansiedad.
No entendía qué podía haber hecho mal y porque no se dignaba a explicarme, que demonios estaba ocurriendo y lo peor de todo, porque de ese empeño de tratarme como si fuese una apestada.
Millones de pensamientos, más absurdos que los anteriores, asaltaban mi cabeza, sin tregua. Como la posibilidad de que le hubiese besado tan mal, que se hubiese asustado de mí para siempre, jamás. ¡Oh cielos!, quizás le mordí y le hice daño, claro Alena no me extraña que pase de tí, tú también lo harías si alguien intentará desangrarte, de ese modo. Estaba muy claro, que los diálogos conmigo misma no hacían más que empeorar la situación.
Otras veces, una idea mucho peor, y sin duda la que mejor parecía ajustarse a la realidad, asaltaba mi cabeza. Pensaba y a medida que pasaba el tiempo, con más fuerza, que Edward simplemente me había besado por la triste razón de tenerme lástima. Esa resolución, para mí, era más pésima que mi creencia desbocada de mi fatal forma de besar.
Definitivamente, me estaba volviendo loca, y ese día, el séptimo de mi locura, decidí ponerle el broche final al asunto. Debía plantarle cara, pedirle explicaciones, mala o buenas, pero tenía que saber que pasaba por su cabeza, al menos por mi salud mental.
Me dirigí hasta su habitación, con paso resuelto. Al llegar, inspire y axpire varias veces, para insuflarme valor, hasta que al fín abrí la puerta.
- No está aquí, cariño. - Respondió Elishabet, sentada en una butaca de madera, cerca de la chimenea. Me sorprendió verla ahí, no era la persona que buscaba en aquel momento y me lamenté por ello. Ella pareció notarlo, pues me sonrió mientras acariciaba a la pequeña Lili, para no desanimarme. - Busca en la azotea. Pero antes, debes saber que mi marido te busca, cuando acabes eso tan importante que tengas que hablar con mi hijo, reúnete con él, en su despacho.
Asentí con mi cabeza, murmurando un gracias apresurado, pues salí corriendo de aquel lugar, deseando con todas mis fuerzas, que Edward siguiera observando las estrellas del cielo. Que al fín, esa noche, no pudiese escapar de mí. Mi vida por un maldito rato a solas con él, me lamenté esperanzada. Ni siquiera reparé en el porqué, de que su padre quisiera verme, en estos momentos, cualquier cosa carecía de importancia.
Silenciosa me acerqué hasta él, esta vez no intentó escabullirse, sino que se quedó allí, esperándome. Los brazos apoyados en la baranda de piedra, la mirada perdida en el cielo estrellado...
- Hola, Alena. - Dijo al fín desviando su mirada de la luna y fijándola en mis ojos. Me extremecí al escuchar su voz enunciando mi nombre. Sonaba tan bien de su boca.
- Edward yo... - Comencé a decir, mientras me acercaba hasta él. No me dejo terminar, pues colocó un dedo sobre mis labios.
- No, no digas nada. Aquí el único que debe disculparse hoy, soy yo. - Pronunció esas palabras con una seriedad fria, que me hizo presagiar lo peor...
- ¿Disculparte por qué? - Pregunté nerviosa. Podía notar como la agonía se hacía presente en mi garganta.
- Pedierte perdón por el beso del otro día, Alena. - Frunció el ceño y se sujetó el puente de la nariz entre los dedos. Se veía fatigado y culpable.
- Es por mi culpa, ¿verdad?. Seguro que lo hice fatal... - Proferí avergonzada. Anhelando con todas mis fuerzas que esa fuese la razón, por la que se sentía así de mal consigo mismo y conmigo.
- Oh, No... No digas tonterias, no tiene nada que ver con eso... - Me aclaró con una sonrisa mustía, mientras me acunaba entre su brazos y me besaba el pelo. - Ese beso fue un error y no por tu culpa.
Me contraje entre sus brazos de dolor, noté como me apretaba más contra su pecho, en señal de perdón.
- ¿Por qué? - Pregunté con la mirada perdida en el vacio. Sólo esperé, que la palabra lástima no saliese de sus labios.
- Por la importante razón, de que nos dejamos llevar por el momento. Por que yo, Alena, me aproveché de tu inocencia, para arrebatarte un beso, que no me pertenecía. No sabes como me odio, por haberlo hecho, pero te prometo, te juro que nunca volvera a ocurrir. - Me aferré a su camisa, cuando el veneno del desengaño, empezó a circular por mis venas. Él, no quería estar conmigo, y peor aún se lamentaba de ese beso, que para mí, había sido una de las mejores cosas, que me habían pasado en la vida. A pesar de todo no pude llorar, había llorado tantas veces en mi vida, que ni las lágrimas se dignaban a salir ya de mis ojos. - Alena por favor, soy un monstruo. Sé, que tu más que nadie, sabes que siempre estaré cuidándote como un amigo que te adora y te quiere como una hermana. Nuestra amistad está por encima de mis errores. ¿Lo entiendes, verdad? - Preguntó esperanzado, sujetándome por los hombros y suplicándome con sus ojos que lo entiendera. Sólo pude asentir como las tontas enamoradizas, tragarme mi orgullo y sobretodo mi amor, ahora más inconfesable que nunca. Si quererlo como un hermano, era la única forma de tenerlo cerca de mi corazón, lo haría. Era masoquista, lo sabía, pero a una persona enamorada, no se le puede pedir racionalidad.
- Lo entiendo... - Dije con una sonrisa fingida, intentando por todos los medios que no me temblara la voz. El me abrazó de nuevo, relajado, creí sentirlo al fín aliviado, de la tortura de esa horrible semana que había sido para ambos. Me alegre de que al menos él, se sintiera mejor. - Tengo que irme Edward, tu padre me espera. - Finalicé la conversación deshaciéndome de su abrazo. Asintió con la cabeza, regalándome una sonrisa y una cálida caricia en la mejilla.
Entré al despacho del señor Massen, derrotada e infeliz. Intenté por todos los medios cambiar el semblante lastimero de mi rostro, no quería parecer un alma en pena. Al menos no, delante de mi falimia.
- Alena, querida, toma asiento, por favor. - Me instó el señor Massen, señalándome una silla, frente a su mesa de trabajo. Siempre, me había tratado muy bien, pero era mucho más frio en demostrar sentimientos que su esposa Elisabeth, por eso, a veces, me sentía un poco retraida en su presencia. Sin lugar a dudas como en ese momento. - Te preguntaras porqué te he traido aquí, bien Alena, es un poco dificil y ni si quiera sé como empezar... Como sabrás dentro de poco se celebrará el baile de gala, dónde las señoritas de tu edad , sereis presentadas en sociedad, bien pues... Matthew McGregory me ha pedido permiso, para ser tu acompañante, esa noche.
- Espero... que no haya usted aceptado. - Dije temblando de disgusto. Estaba claro, que ese estúpido me había declarado la guerra. ¿Por qué simplemente no me olvidaba y me dejaba en paz?.
- No advertí la razón para no hacerlo. - Contestó lentamente, estudiando mi reacción.
- ¿Qué?, ¿le parece poco, mi opinion?. Ese jóven es un cretino, me niego en rotundo. - Contesté profundamente alterada, haciendo aspavientos con las manos. Increible, obligarme a mí, a asistir del brazo de ese mamarracho.
- Tu opinión, en este asunto es importante, Alena, pero debes ayudar a esta familia. El padre, de ese ''cretino'', es una de nuestros más valiosos acreedores. No no hagas perderlo, con uno de tus ataques de rebeldía, por favor. Además sólo es un baile, no me ha pedido tu mano. - Me informó serio, excrutándome con la mirada.
- Pero yo creí que... Edward y yo asistiriamos juntos... - Empecé a decir dudando.
- ¿Edward?, querida debes estar equivocada. Ayer mismo fue a casa de la familia Williams, a invitar a su hija al baile. ¿No te lo había dicho? - Me interrumpió pensativo. Sentí como una fuerza desalentadora, me hundía sobre el almohadón, color rojo, de esa butaca. ¿Edward iba a ser la pareja de Caitlin?. Este día, debía de estar siendo una cruel pesadilla, pero no, ya todas las piezas del puzzle encajaban. La razón por la que me había rechazado esa noche, tenía nombre y era preciosa. Estaba enamorado de una de mis peores enemigas, ¿pero por qué ella y no yo?, ¿Y sobretodo por qué, no había tenido el valor de decirme, que amaba a otra en vez de a mí?. El desconsuelo que hacía segundos me corría por las venas, fue tranformándose en rabía y en reproche. Le odiaba, en serio le detestaba por su falta de sinceridad y respeto, si tanto me quería: ¿Por qué me hacía esto?.
- Está bien, acudiré al baile con el hijo de los señores McGregory. - Dije sin más, levantándome de esa silla que me quemaba para con paso ligero dirigirme hasta mi cuarto. Podía sentir como las uñas de mis manos, hechas puños, se hincaban en mi piel. Estaba ciega de ira y la palabra escarmiento, vagaba por mi cabeza cada vez con más fuerza. Sólo deseaba que Edward, rompiera en cólera, como yo había hecho, cuando supiese con quien asistiría al baile '' su amiga del alma''. Lo sentía mucho, pero la vengaza, era un plato que se servía frío y ésta no iba a ser la excepción.
________________________________________________¡Hola, chicas!
Por vuestros ánimos y por mostraros tan atentas con Alena y sobretodo por toda la paciencia que teneis con mi falta de inspiración, os regalo nuevo capítulo. Como os dije ayer, estad atentas todos los viernes, porque puede haber sorpresa. He recobrado la esperanza en este fic y más o menos tengo las cosas claras al fín para poder dar formas a mis ideas. Se que os ha sorprendido este capi, depués del besazo de ayer, pero eso es lo que busco sorprendeos. No olvideis, que la vida de Alena en este fic no va a ser un camino de rosas, aunque quizas, sólo quizás, todo el sufrimiento tenga su recompensa. Un besazo bonitas, y gracias por todo.
PD: Debeis escuchar la cancion que me ha inspirado a escribir el capítulo, es de pink y la letra aunque triste es preciosa y refleja muy bien como se siente el personaje de Alena. Os dejo el enlace: [url="http://www.youtube.com/watch?v=bzwKxY_21-o"]http://www.youtube.com/watch?v=bzwKxY_21-o[/url]