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 Dulces recuerdos, Alena.

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nataly
Descubres que Jacob es un lobo


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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Sáb Ago 01, 2009 11:07 am

esta super bn! yo kiero k sigas,, esto es precioso!...

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Y DE ESE MODO EL LEON SE ENAMORÓ DE LA OVEJA
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fer black
Estas en el prado con Edward


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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Lun Ago 03, 2009 8:36 pm

hola! soy nueva por aqui
me ha gustado mucho tu historia,
aunque ya quiero que se den un beso! Laughing

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samantha cullen
Hoy es tu cumpleaños


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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Miér Ago 12, 2009 1:15 am

hola yo soy nueva leyendo tu historia i esta muy bien sige cuando puedaS aiwebs_038
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afinidades
Te fijas en Edward


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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Miér Sep 23, 2009 6:50 pm

Cap.6
That girl has love.


Llegué hasta las escaleras con desmesurada lentitud intentado por todos los medios retrasar el momento de tener que enfrentarme cara a cara con ese salón saturado de soberbia. Bajaba las escaleras con la mirada fija en la pared deseando de esa forma no fijar mis ojos en ninguna de aquellas personas que ocupaban aquel espacio. Sentia como me agijoneaban con miradas llenas de curiosidad o simplemente arrogancia, a pesar de todo procuré no sentirme cohibida y no bajar la cabeza ante aquel panorama insufrible.
A mitad de la escalera me atreví a desviar mi mirada de aquel trozo de pared, forrado en papel dorado, que tan aburrido se me habia hecho en esos segundos. Debía encontrar a Edward entre toda esa gente fuera como fuese, con el al menos no me sentiria tan fuera de lugar. Tragué saliva y seguí buscándolo con la mirada, ignorando las miradas de soslayo que me dirigian los presentes.

Lo hayé observándome fijamente con una copa entre sus manos. Tan perfecto y guapo como siempre o quizas más. No lo tenia muy claro, pues ese traje de color negro y botones dorados le sentaba como un guante. Me sonreia de forma cálida instandome a ir a su lado con esa mirada suya tan inquietante. Ese dia sus ojos se veian más bonitos y cristalinos que de costumbre. Un brillo extraño los surcaba haciéndolos resplandecer como dos esmeraldas preciosas centelleando a la luz del sol. Hubiese jurado que ese brillo no estaba allí una hora antes, pero no le di importancia. Feliz esa era la palabra que ahora me rondaba la cabeza, feliz de haber encontrado un rayo de luz entre todas esas tinieblas.

Me dispuse a correr hacia el cuando la odiosa y a la vez sensual Caitlin Williams llamaba su atención agarrándose a su brazo como una perra en celo. Edward le seguió el juego o al menos eso parecia desde donde me encontraba. ¿Por qué tenia que hablar con ella? ¡Maldito demonio de bucles dorados y lengua víperina!. Y de pronto me ví a mí en la escalera térriblemente patética con sonrisa de estúpida y como había llegado segundos antes, completamente sola. ¡Hombres!. Ni Edward se salvaba ya de mi lista negra de jóvenes hormonados. Baje las escaleras enfadada odiándole en silencio. No, en realidad no estaba enfadada sino más bien triste de mi lamentable situación. ¿Qué más daba que hablara con ella?. No, definitivamente no me importaba o ¿sí?. ¡Oh cielos!, ¿me importa?. ¡Para Alena!, definitivamente te vas a volver loca, como siguas así. ¡Malditos delirios!. Decidí que había llegado el momento de confundirme con la pared y desear con todas mis fuerzas que mi tortura se acabara lo antes posible.

Caminé apesadumbrada y mirando al suelo hasta que dí con un obstaculo de camisa blanca y olor a incienso. Levanté mi mirada, molesta, para saber quien era el estúpido que me impedia seguir con mi cometido de desaparecer. Matthew me miraba con altivez bueno al menos eso demostraba uno de sus ojos, pues el otro se encontraba levemente hinchado y enmarcado en un color morado intenso. Me reí en mi interior con saña. Mi patada había causado más extragos de los deseados, pero a fin de cuentas se lo merecia. A pesar de todo el me sonreia con suficiencia, en su cara no veia ni una pizca de enfado sino más bien lascivia. Me sentí asqueada y le empujé con mi hombro para que se apartara y me dejara pasar. Pero no se movió.

- Déjeme pasar. ¿O acaso has venido a que te haga otro igual? - Dije friamente señalándole con la mirada su ojo amoratado. - Si, deberia hacerlo, el azul te sienta demasiado bien Matt... - Reí desdeñosa, pero el no borró su estúpida sonrisa del rostro.
- No sabes con quien te has metido zorra. - pronució entre dientes agarrándome del brazo con fuerza. Podía sentir sus uñas clavándose en mi piel y su aliento con olor a Brandy, golpéandome el rostro. - Quiero que tengas muy en cuenta que no descansaré hasta poseerte. Podía haber sido mejor linda, pero tu lo has querido. Te haré gritar de dolor porque no tendré ningún miramiento contigo. Me las vas a pagar todas juntas y ni el estúpido de Edward podrá impedirlo. Por cierto Alena hoy estas deslumbrante, disfrutaria demasiado arracándote ese vestido.

Rió con fuerza contra mi oido. El miedo me carcomia las entrañas, podía sentir como se agarraba a mi espalda y me provocaba escalofrios. No, Alena es lo que quiere, me dije a mi misma. Es demasiado idiota para poder cumplir su amenaza y yo muy lista para creerlo. Sólo quiere asustarte. Lo miré con rencor.

- Suéltame imbecil. Una saguijuela como tu nunca conseguirá tenerme, antes preferiría morir.

Me sujetó con más fuerza, dolia pero no me iba a escuchar quejarme, mi orgullo no me lo permitía. De repente alguien entró en escena y agarro con fuerza el brazo de mi opresor, haciendo que al fin me liberase. Edward habia llegado. Le observé con vehemencia hasta con adoración. Su mandibula se encontraba apretada y sus labios levemente fruncidos. Fulminaba a Mattweh con la mirada, estaba segura de que si las miradas matasen, en ese momento hubiésemos estado de funeral.

- No permitiré que nadie haga daño a una dama en mi casa y mucho menos si esa dama es Alena. - dijo Edward con un tono claramente amenazante. Me asió de la mano y me llevó junto a el.
- No se de que me hablas Edward, simplemente Alena y yo discutíamos sobre la cantidad de gatas salvajes que hay en la mañana en este bosque. ¿Verdad Alena? - Preguntó Matt con tono seductor mientras me obervaba con malicia.

Me percaté de como la cara de Edward se contrajo en una gesto lleno de ira. Supuse que habia descubierto el mensaje oculto de ese mal intencionado comentario.

- Como le hayas hecho algo te juro que... - Comenzó a decir con la furia contenida en la voz. No debia descubrir que habia pasado en el bosque o estaba completamente segura que se abalanzaria sobre el y lo mataria allí mismo, en ese salón repleto de gente.
- No, Edward vamonos por favor. Sálgamos fuera. - Supliqué lloriqueando mientras colocaba mis pequeñas manos sobre su pecho y le obligaba a moverse. Pero el no me hacia caso ni siquiera me miraba. Estaba ciego de ira.
- Bueno ha llegado el momento que me vaya... Que te cuente la gatita, lo bien que se lo ha pasado esta mañana. - Se despidió Matt de forma envenenada mientras se alejaba.
- No huyas maltido cobarde...

Edward echó a andar detras de Matthew sin tener en cuenta como mis manos se aferraban a su camisa en un intento en vano de que parase. Abrumada por los hechos acaecidos en ese día, sólo pude derrumbarme.

- ¡¡Edward por favor!! - Grité entre sollozos captando su atención. Su mirada se encontró con la mia atestada de lágrimas. Y toda la ira que habia existido hacia unos segundos en sus ojos, se esfumó. Me miro avergonzado con la disculpa en los ojos y me abrazó apretándome contra su pecho.
- Alena cuentame lo que te ha hecho ese imbecil. - Me rogó en un murmullo mientras me aferraba más contra él.
- Te lo contaré... pero por favor llévame fuera de aquí. - Supliqué más calmada.

Nos dirigimos con paso decidido hacia el balcón cuyas vistas daba a los jardines principales. Elisabeth lo había decorado con númerosas flores de todos los colores. Nos sentamos sobre la baranda de piedra blanca sin dirigirnos una sola palabra.

- Hablaré con la condición de que no montes un escándalo. - Le aclaré con altivez mientras le miraba fijamente a los ojos. Frunció el ceño contrariado y me miró con reproche.
- Si es necesario... - Coloqué un dedo sobre sus labios rosados y suaves, acallándolo.
- Edward por favor... - Le regañé cansada. Enarcó una ceja pero al fin relajó el semblante asintiendo no muy convencido.

Relaté con pelos y señales todo lo que había ocurrido en el bosque. Bueno todo no, obvié el intento de violación por parte de Matthew pero era un pequeño detalle que Edward nunca deberia saber sino queria que entrara en cólera. Me sabia defender muy bien sola y no queria inmiscuirle en mis problemas, seria demasiado egoista.

- Ese infame se atreve a espiarte nadando en el río y quieres que me quede de brazos cruzados... ¡Increible!. Me hierve la sangre ahora mismo. Desearia estrangularlo con mis propias manos Alena, por favor déjame que... - dijo en un hilo de voz mirando al suelo y apretando los puños.
- Edward no hagas nada, prométemelo. No ocurrió nada grave se marchó y ya está. No es tan malo como parece. - Mentí lo más convincente posible mientras evitaba mirar a Edward a los ojos.
- Podria haber sido peor. Está bien te prometo no ir y partirle la cara a ese impresentable si tu me prometes no volver a ir al bosque sola sin mí. Ahora bien si vuelve a ponerte una mano encima juro que lo mato...
- Lo prometo - Contesté con una sonrisa angelical mientras lo acallaba dándole un abrazo. ¡Cielos! ¿Por qué era tan adorable y tan...tan... guapo?.
- Sinceramente Alena nunca creí que fueses capaz de ponerle a alguien un ojo morado. - Comentó Edward de repente con una de esas sonrisas torcidas tan atractivas.
- ¿Por quién me tomas? - dije de forma fanafarrona batiendo fuertemente las pestañas.
- No se de que me sorprendo...

Comenzamos a reirnos a carcajadas. Hacia tanto tiempo que no habiamos tenido un rato a solas... que hasta yo me sorprendí de tenerlo tan cerca y verlo reir tan jovial y desenfadado. Miles de mariposas me invadieron el estómago comenzando a revolotear contentas. Paré de reir angustiada. Edward me hacia sentir como en una nube, risueña, feliz... Lo miré a los ojos temerosa de encontrar algo en ellos que me hiciera confundir aún más mi sintimientos. Y ahí estaba de nuevo, ese brillo que habia visto momentos antes. ¿Qué significaba aquello?, ¿Y por qué mi corazón bombeaba tan deprisa?.

- Alena hoy estas preciosa... - susurró Edward con voz dulce mientras me sujetaba la cara entre sus manos. Lentamente fue acercando su rostro al mio. Notaba como mi corazon saltaba sobre mi pecho. ¿Me iba a besar? y sobretodo ¿quería que me besara?. Su dulce aliento chocó contra mi boca mientras mi corazón seguia bailando contra mi pecho. Y entonces lo supe: Queria que Edward me besara en ese momento y siempre.

- ¡Ya veo que estais aquí! - El grito de Elisabeth desde la puerta del balcón nos hizo separarnos rápidamente terriblemente azorados. - Alena vamos, debes tocarnos algo al piano. Edward acómpañala dentro.

Nos sonrió a los dos de una forma extraña y despareció por la puerta de nuevo. Juraria que la había escuchado reirse por lo bajo.

- Vamos. Tu público te espera.

Me asió de la mano mientras me llevaba hasta el piano podia sentir su olor a almendras tostadas inundando mis fosas nasales y porqué no también el corazón. Queria a Edward, le queria con toda mi alma.

Supongo que eso me hizo comenzar a tocar esa melodia al piano que tanto nos gustaba a el y a mí y que tanto tiempo habiamos dedicado en su composición. http://www.youtube.com/watch?v=gIZnx1vQ9gY&feature=related

Cada una de sus notas mostraba todo el cariño, respeto y adoración que nos profesabamos el y yo. Notaba como me observaba fijamente apoyado contra el piano y sin más lo senti a mi lado deslizando sus manos junto a las mias acariciando con premura las teclas de color márfil. Mis mariposas volaban felices cada vez que sus manos rozaban las mias. Cerré los ojos con fuerza, sintiendo la música invadiendo mis oidos y sus manos chocando contra la mias.

Paramos de tocar a la vez, rodeados de aplausos. Térriblemente confundida apoyé mi cabeza sobre su hombro. ¿Qué me supondria estar enamorada de alguien que me queria como una hermana? No lo sabia pero era feliz y ese momento perfecto. Sentí como su mano buscaba la mia bajo el piano. Entrelacé mis dedos contra los suyos. Era feliz, eso era todo.


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Chicas después de mucho tiempo, aquí me teneis de nuevo y vuelvo para quedarme. La inspiración me abandonó pero ha vuelto y espero que con fuerza. Disfrutad del capitulo. Un beso y siento la tardanza.
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samantha cullen
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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Jue Sep 24, 2009 2:49 am

si sigelo esta super

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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Miér Sep 30, 2009 4:01 pm

Very Happy Simplemente, muy bueno. La inspiración va y vuelve, y cuando se ausenta por largo tiempo, viene muy cargada de ideas Smile
Esa melodía es preciosa, Afinidades. Gracias por sumarle una composición más a mi repertorio de música clásica!!
Besos, y síguelo pronto.

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La llaman Mi cantante, porque su Sangre canta para mí...
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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Lun Nov 09, 2009 8:53 pm

Cap.8
It's your fault.


Tristeza, esa palabra, en mi actual situación, definía como me sentía a la perfección. Siete días ni uno más ni uno menos, llevaba soportando la carga, que provoca el sufrimiento, sobre mis hombros. Sin duda alguna el desasosiego y la melancolía me carcomían las entrañas y de paso, porque no, el alma. Una maldita semana amarga, en la que Edward, después de ese beso tan maravilloso, había decidido convertirme en un ser invisible a sus ojos.
Me evitaba continuamente sin razón. A veces creía que no soportaba mirarme durante más de dos segundo seguidos, incluso desaparecía como alma lleva el diablo, de dónde estuviese dentro de aquella casa, si me dignaba a aparecer ante él. Siempre y como era normal, alegando excusas muy frias y caballerosas, que no hacían más, que emporar mi lamentable estado de ansiedad.
No entendía qué podía haber hecho mal y porque no se dignaba a explicarme, que demonios estaba ocurriendo y lo peor de todo, porque de ese empeño de tratarme como si fuese una apestada.
Millones de pensamientos, más absurdos que los anteriores, asaltaban mi cabeza, sin tregua. Como la posibilidad de que le hubiese besado tan mal, que se hubiese asustado de mí para siempre, jamás. ¡Oh cielos!, quizás le mordí y le hice daño, claro Alena no me extraña que pase de tí, tú también lo harías si alguien intentará desangrarte, de ese modo. Estaba muy claro, que los diálogos conmigo misma no hacían más que empeorar la situación.

Otras veces, una idea mucho peor, y sin duda la que mejor parecía ajustarse a la realidad, asaltaba mi cabeza. Pensaba y a medida que pasaba el tiempo, con más fuerza, que Edward simplemente me había besado por la triste razón de tenerme lástima. Esa resolución, para mí, era más pésima que mi creencia desbocada de mi fatal forma de besar.

Definitivamente, me estaba volviendo loca, y ese día, el séptimo de mi locura, decidí ponerle el broche final al asunto. Debía plantarle cara, pedirle explicaciones, mala o buenas, pero tenía que saber que pasaba por su cabeza, al menos por mi salud mental.

Me dirigí hasta su habitación, con paso resuelto. Al llegar, inspire y axpire varias veces, para insuflarme valor, hasta que al fín abrí la puerta.

- No está aquí, cariño. - Respondió Elishabet, sentada en una butaca de madera, cerca de la chimenea. Me sorprendió verla ahí, no era la persona que buscaba en aquel momento y me lamenté por ello. Ella pareció notarlo, pues me sonrió mientras acariciaba a la pequeña Lili, para no desanimarme. - Busca en la azotea. Pero antes, debes saber que mi marido te busca, cuando acabes eso tan importante que tengas que hablar con mi hijo, reúnete con él, en su despacho.

Asentí con mi cabeza, murmurando un gracias apresurado, pues salí corriendo de aquel lugar, deseando con todas mis fuerzas, que Edward siguiera observando las estrellas del cielo. Que al fín, esa noche, no pudiese escapar de mí. Mi vida por un maldito rato a solas con él, me lamenté esperanzada. Ni siquiera reparé en el porqué, de que su padre quisiera verme, en estos momentos, cualquier cosa carecía de importancia.

Silenciosa me acerqué hasta él, esta vez no intentó escabullirse, sino que se quedó allí, esperándome. Los brazos apoyados en la baranda de piedra, la mirada perdida en el cielo estrellado...

- Hola, Alena. - Dijo al fín desviando su mirada de la luna y fijándola en mis ojos. Me extremecí al escuchar su voz enunciando mi nombre. Sonaba tan bien de su boca.
- Edward yo... - Comencé a decir, mientras me acercaba hasta él. No me dejo terminar, pues colocó un dedo sobre mis labios.
- No, no digas nada. Aquí el único que debe disculparse hoy, soy yo. - Pronunció esas palabras con una seriedad fria, que me hizo presagiar lo peor...
- ¿Disculparte por qué? - Pregunté nerviosa. Podía notar como la agonía se hacía presente en mi garganta.
- Pedierte perdón por el beso del otro día, Alena. - Frunció el ceño y se sujetó el puente de la nariz entre los dedos. Se veía fatigado y culpable.
- Es por mi culpa, ¿verdad?. Seguro que lo hice fatal... - Proferí avergonzada. Anhelando con todas mis fuerzas que esa fuese la razón, por la que se sentía así de mal consigo mismo y conmigo.
- Oh, No... No digas tonterias, no tiene nada que ver con eso... - Me aclaró con una sonrisa mustía, mientras me acunaba entre su brazos y me besaba el pelo. - Ese beso fue un error y no por tu culpa.

Me contraje entre sus brazos de dolor, noté como me apretaba más contra su pecho, en señal de perdón.

- ¿Por qué? - Pregunté con la mirada perdida en el vacio. Sólo esperé, que la palabra lástima no saliese de sus labios.
- Por la importante razón, de que nos dejamos llevar por el momento. Por que yo, Alena, me aproveché de tu inocencia, para arrebatarte un beso, que no me pertenecía. No sabes como me odio, por haberlo hecho, pero te prometo, te juro que nunca volvera a ocurrir. - Me aferré a su camisa, cuando el veneno del desengaño, empezó a circular por mis venas. Él, no quería estar conmigo, y peor aún se lamentaba de ese beso, que para mí, había sido una de las mejores cosas, que me habían pasado en la vida. A pesar de todo no pude llorar, había llorado tantas veces en mi vida, que ni las lágrimas se dignaban a salir ya de mis ojos. - Alena por favor, soy un monstruo. Sé, que tu más que nadie, sabes que siempre estaré cuidándote como un amigo que te adora y te quiere como una hermana. Nuestra amistad está por encima de mis errores. ¿Lo entiendes, verdad? - Preguntó esperanzado, sujetándome por los hombros y suplicándome con sus ojos que lo entiendera. Sólo pude asentir como las tontas enamoradizas, tragarme mi orgullo y sobretodo mi amor, ahora más inconfesable que nunca. Si quererlo como un hermano, era la única forma de tenerlo cerca de mi corazón, lo haría. Era masoquista, lo sabía, pero a una persona enamorada, no se le puede pedir racionalidad.
- Lo entiendo... - Dije con una sonrisa fingida, intentando por todos los medios que no me temblara la voz. El me abrazó de nuevo, relajado, creí sentirlo al fín aliviado, de la tortura de esa horrible semana que había sido para ambos. Me alegre de que al menos él, se sintiera mejor. - Tengo que irme Edward, tu padre me espera. - Finalicé la conversación deshaciéndome de su abrazo. Asintió con la cabeza, regalándome una sonrisa y una cálida caricia en la mejilla.

Entré al despacho del señor Massen, derrotada e infeliz. Intenté por todos los medios cambiar el semblante lastimero de mi rostro, no quería parecer un alma en pena. Al menos no, delante de mi falimia.

- Alena, querida, toma asiento, por favor. - Me instó el señor Massen, señalándome una silla, frente a su mesa de trabajo. Siempre, me había tratado muy bien, pero era mucho más frio en demostrar sentimientos que su esposa Elisabeth, por eso, a veces, me sentía un poco retraida en su presencia. Sin lugar a dudas como en ese momento. - Te preguntaras porqué te he traido aquí, bien Alena, es un poco dificil y ni si quiera sé como empezar... Como sabrás dentro de poco se celebrará el baile de gala, dónde las señoritas de tu edad , sereis presentadas en sociedad, bien pues... Matthew McGregory me ha pedido permiso, para ser tu acompañante, esa noche.
- Espero... que no haya usted aceptado. - Dije temblando de disgusto. Estaba claro, que ese estúpido me había declarado la guerra. ¿Por qué simplemente no me olvidaba y me dejaba en paz?.
- No advertí la razón para no hacerlo. - Contestó lentamente, estudiando mi reacción.
- ¿Qué?, ¿le parece poco, mi opinion?. Ese jóven es un cretino, me niego en rotundo. - Contesté profundamente alterada, haciendo aspavientos con las manos. Increible, obligarme a mí, a asistir del brazo de ese mamarracho.
- Tu opinión, en este asunto es importante, Alena, pero debes ayudar a esta familia. El padre, de ese ''cretino'', es una de nuestros más valiosos acreedores. No no hagas perderlo, con uno de tus ataques de rebeldía, por favor. Además sólo es un baile, no me ha pedido tu mano. - Me informó serio, excrutándome con la mirada.
- Pero yo creí que... Edward y yo asistiriamos juntos... - Empecé a decir dudando.
- ¿Edward?, querida debes estar equivocada. Ayer mismo fue a casa de la familia Williams, a invitar a su hija al baile. ¿No te lo había dicho? - Me interrumpió pensativo. Sentí como una fuerza desalentadora, me hundía sobre el almohadón, color rojo, de esa butaca. ¿Edward iba a ser la pareja de Caitlin?. Este día, debía de estar siendo una cruel pesadilla, pero no, ya todas las piezas del puzzle encajaban. La razón por la que me había rechazado esa noche, tenía nombre y era preciosa. Estaba enamorado de una de mis peores enemigas, ¿pero por qué ella y no yo?, ¿Y sobretodo por qué, no había tenido el valor de decirme, que amaba a otra en vez de a mí?. El desconsuelo que hacía segundos me corría por las venas, fue tranformándose en rabía y en reproche. Le odiaba, en serio le detestaba por su falta de sinceridad y respeto, si tanto me quería: ¿Por qué me hacía esto?.
- Está bien, acudiré al baile con el hijo de los señores McGregory. - Dije sin más, levantándome de esa silla que me quemaba para con paso ligero dirigirme hasta mi cuarto. Podía sentir como las uñas de mis manos, hechas puños, se hincaban en mi piel. Estaba ciega de ira y la palabra escarmiento, vagaba por mi cabeza cada vez con más fuerza. Sólo deseaba que Edward, rompiera en cólera, como yo había hecho, cuando supiese con quien asistiría al baile '' su amiga del alma''. Lo sentía mucho, pero la vengaza, era un plato que se servía frío y ésta no iba a ser la excepción.

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¡Hola, chicas!
Por vuestros ánimos y por mostraros tan atentas con Alena y sobretodo por toda la paciencia que teneis con mi falta de inspiración, os regalo nuevo capítulo. Como os dije ayer, estad atentas todos los viernes, porque puede haber sorpresa. He recobrado la esperanza en este fic y más o menos tengo las cosas claras al fín para poder dar formas a mis ideas. Se que os ha sorprendido este capi, depués del besazo de ayer, pero eso es lo que busco sorprendeos. No olvideis, que la vida de Alena en este fic no va a ser un camino de rosas, aunque quizas, sólo quizás, todo el sufrimiento tenga su recompensa. Un besazo bonitas, y gracias por todo.

PD: Debeis escuchar la cancion que me ha inspirado a escribir el capítulo, es de pink y la letra aunque triste es preciosa y refleja muy bien como se siente el personaje de Alena. Os dejo el enlace: [url="http://www.youtube.com/watch?v=bzwKxY_21-o"]http://www.youtube.com/watch?v=bzwKxY_21-o[/url]
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samantha cullen
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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Mar Nov 10, 2009 4:53 am

sigo diciento k me encanta esta historia sigelo cuando puedas Very Happy

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Miss April
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MensajeTema: Re: Dulces recuerdos, Alena.   Miér Nov 11, 2009 11:24 pm

*.* Gracias, Afinidades, nuevamente Smile (por compartir tu fic)
Espero q te llegue más inspiración, yo todavía estoy falta de ella u.u
Besoss ^^

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Dulces recuerdos, Alena.

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